Entrevista a Juan Anselmo Leguizamon


 

Juan Leguizamón: “Tal vez yo no sea el mejor lector de mi propio libro”

El poeta y director de Cultura de la Provincia publicó el volumen de poesía “¿De quién son estos zapatos?”, que se editó en una prestigiosa colección. Las marcas de su escritura y sus referentes en la literatura nacional. ¿Cómo hace un funcionario en medio de las responsabilidades burocráticas para escribir poemas?

 

Leónidas Lamborghini. Jorge Boccanera, Héctor Viel Temperley, Joaquín Gianuzzi y Jacobo Fijman. Esos son algunos de los “monstruos” de la poesía que integran la colección “Pez náufrago” de la editorial Ediciones del Dock.
Y allí, como invitado de honor en medio de tamaños autores, aparece el volumen “¿De quién son estos zapatos?” de Juan Anselmo Leguizamón, licenciado en Comunicación Social por la UCSE y actual director de Cultura de la Provincia.
Es el primer libro de este autor santiagueño aunque ya había participado en algunas antologías como “Poesía Joven del Noroeste Argentino” (dirigida por Santiago Sylvester) y la “Antología Jetona”, del grupo La Jeta literaria.
¿Cómo hace un funcionario en medio de las responsabilidades burocráticas para escribir poemas? ¿En donde encuentra la inspiración? ¿A quiénes hace leer sus textos antes de publicarlos? ¿Qué voces poéticas actuales le interesan?
Son algunas de las preguntas que Leguizamón, con su tono meditativo de voz y su hablar pausado, responde en esta entrevista con LA COLUMNA. El encuentro se realizó en la librería Utopía, el mismo lugar en donde los últimos días de diciembre se hizo la presentación oficial del libro, con los comentarios del psicólogo Gustavo Rueda.

LA COLUMNA: ¿Los poemas reunidos en “¿De quién son los zapatos?” a qué épocas pertenecen?
He ido reuniendo cosas que son de distintos momentos. La primera reunión de material la hice para la antología de Santiago Sylvester, cuando él hace esa convocatoria para autores editados e inéditos del norte, ahí me pongo a reunir material para enviárselo. Él pedía catorce poemas más o menos. Ese material está en este nuevo libro y se le suman poemas nuevos, que no habían salido en la antología.
L.C.: ¿Estamos hablando de cosas escritas recientemente?
Yo tuve una primera etapa de escritura entre fines de los ochenta y principios de los noventa, después otra etapa de principio de los noventa hasta el 95 más o menos. Y una última etapa desde el 2000 hasta ahora. Me parece que he rescatado más producción de las dos últimas etapas, de la anterior han quedado cosas que habría que retrabajarlas, por ahí uno se planteaba determinadas cosas antes y después ya has cambiado y no quieres volver sobre lo mismo. Qué se yo, las primeras escrituras de la secundaria tienen como….capaz que es un género en sí mismo esa escritura juvenil con cosas más dramáticas, o muy serias
L.C.: No está el humor
No, tampoco hay mucho juego, sin embargo uno ve escritores muy jóvenes donde hay otra cosa ya. Pero bueno, no tengo una visión muy general de las generaciones muy jóvenes. Me parece que no tienen esa cosa cargada, porque uno tiene esa imagen de la poesía sobrecargada.
L.C.: ¿Eso no lo ves en las generaciones actuales?
No, si bien hay cosas dramáticas o de búsqueda del yo, que en una de esas sea una marca de la adolescencia, pero ahora veo también otras cosas; relatos incluso con situaciones cotidianas, las andadas de los muchachos, los amigos, las juntadas, algo más íntimo y más vívido.
L.C.: ¿Qué hilos o temáticas consideras que unen a los poemas del libro?
Tendría que verlo en conjunto. Ahora también leo el libro con ojos de otros, porque a veces, como suele pasar en la música y en las artes en general, me da la sensación de que uno está haciendo algo musical, entonces estás tanto sobre eso que no puedes tomar distancia, como que estás tan imbuido en lo que estás haciendo que no puedes escucharlo de otra manera y necesitas que alguien lo vea de afuera, que lo vea con ojos frescos.
Javier Adúriz, poeta fallecido y que también dedico a la memoria de él este libro, era alguien a quien yo consultaba porque era un tipo muy generoso, muy atento, muy lector. Cuando yo estaba armando el libro él me decía que había tres líneas en este conjunto de textos. Y me aconsejaba: tratá de intercalarla a las tres líneas en el armado de manera alternada, aunque después predomine una u otra.
L.C.: ¿Cuáles son esas tres líneas?
Creo que hay una línea que juega más con el lenguaje y la cuestión de la poesía, otra que tendría que ver con recuperar trazos de lo cotidiano, y una tercera línea, un poco más densa, que se agarra de un lenguaje más viscoso, más entretejido. Aunque tal vez yo no sea el mejor lector de mi propio libro,
L.C.: Quizás hay otras líneas que pueden encontrar los lectores….
O redefinir estas mismas líneas de otra manera. Yo todavía estoy en el proceso de ver para dónde está yendo una escritura, aunque sí me doy cuenta que hay tres tonos si se quiere.
L.C.: Una de las cosas que está siempre presente en tu literatura es el humor. Supongo que eso es deliberado y buscado
Es inevitable el tema del humor, esto de no tomarse tan en serio algo que a veces es muy solemne, o que se ha solemnizado. En el manual, la cultura poética era algo de lo cual uno no tenía que reírse o tenía que reírse en voz baja. De hecho algunos lectores o gente que ha conocido el libro, me comentaba: “me he reído mucho con el libro, ¿voy bien o estoy equivocado?”. Algo así como: ¿debería reírme? A mí me gusta el efecto de la risa que hasta puede resultar liberadora.
L.C.: Lo nombrabas a Adúriz, ¿a quién más haces leer tus textos antes de publicarlos?
A Santiago Sylvester, con quien por ejemplo decidimos el título. La otra alternativa era “Cartas sin mandar”, que también es uno de los poemas.
L.C.: El título “¿De quién son estos zapatos?” quizás le quita solemnidad a esa idea que se tiene sobre la poesía
Sí, la otra vez leía un ensayo de Juan José Hernández, en donde se preguntaba ¿cómo hacemos para hablar de los veranos del norte en una poesía, cómo hacer para juntar la angustia metafísica con la palabra yuchán? Bueno, zapatos, si bien no es un regionalismo, es un objeto que no encaja con una clave solemne o metafísica, o con ese tono poético grave. Es una pregunta acerca de un objeto que no tiene esa pátina de prestigio.
L.C.: Además de poesía, ¿escribes en otros registros? Alguna vez leí una especie de relatos de tu autoría en el blog de Quintín (lalectoraprovisoria.com). ¿O digamos que lo tuyo es la poesía?
Me parece que sí. Los textos que se han publicado en blogs parecen relatos pero después van generando un ambiente distinto y como que hay una pequeña resolución pero es más el transcurso de lo que está apareciendo ahí que la resolución en sí. No tengo cuentos y novelas en desarrollo. He escrito muy poco de eso, y si escribo, son breves. Tengo muy poco en relación con lo que escribo de poesía. Hablando una vez con (Juan) Ahuerma Salazar, que es poeta y novelista salteño, me preguntaba si había escrito alguna novela. Mi experiencia es que comienzo a escribir algo que podría llegar a ser un relato, e inmediatamente se va derivando y transformando en otra cosa.
L.C.: Una de las aspiraciones de cualquier escritor es encontrar una voz propia o un estilo. ¿A esta altura ya reconoces un estilo o algo parecido a eso?
En una de esas puede ser eso que mencionabas antes, eso de tener un juego o de un elemento de descoloque pero me parece que todavía hay lectores que han visto distintos elementos, motivos, quizás la lectura más genérica ha sido esta cuestión de abordar una realidad que es como es, que no se resuelve. Pero creo que todavía no puedo hablar de una voz. Santiago Sylvester ha sido muy orientador en ese sentido.
L.C.: ¿Cuánto ha tenido que ver el grupo La Jeta literaria en estos años de escritura, en los que pasaste de ser un autor inédito a tener ya unas cuántas publicaciones?
Sí, yo creo que sí ha tenido que ver, sobre todo en la búsqueda. Hay una cuestión que nos planteó Sylvester, y es cómo en un momento en el norte había una constitución de grupos y de redes de gente que escribía, tenemos el caso de La Carpa, y cómo después las vicisitudes históricas, las fracturas culturales y sociales habían impedido que vuelva a ocurrir. Esto de juntarse, de leerse, qué le gusta a uno, eso ha inspirado la juntada de La Jeta. Hacer circular las lecturas actuales de gente que se interesa por la literatura. Qué se lee y qué está bueno leer, y como espacio de encuentro básicamente. Eso para mí ha sido muy estimulante, uno descubre que no está solo, que puedes compartir cosas con otros y es una situación que había que reparar en cierta generación. Conocernos, ver qué nos gusta leer, qué nos gusta de la narrativa y de la poesía. Y eso te anima.
L.C.: ¿Qué voces de la poesía actual te interesan?
Javier Adúriz y Santiago Sylvester son voces particulares. Por un tiempo había dejado de leer poesía e iban por otros lados mis lecturas, y vuelvo a leer de nuevo con Pedro Lemebel, el chileno, que es un cronista, pero un cronista poético de ciertas realidades y situaciones particularísimas y contextualizadas en la historia de Chile. Muy potente y muy diferente a Néstor Perlongher, de quien también venía leyendo cosas. Y Fernando Vallejo y Michel Houellebecq en narrativa. Eso estaba leyendo con interés.
L.C.: ¿Con qué frecuencia escribes? Te lo pregunto teniendo en cuenta que sos funcionario y seguramente ese cargo insume mucho tiempo
Leopoldo Castilla, “El Teuco”, nos decía: “escriban todos los días, todo el tiempo, después seleccionan, pero escriban siempre”. Algo que hacía él. Y después yo no podía, no me salía, no le estaba haciendo caso al Teuco. Luego leo una nota de Bukowski, un poema en donde dice “nunca hay tiempo para escribir, se escribe en cualquier lado, donde se puede, en una hoja de almacén, en una libreta, en medio del trabajo, en una fábrica, sin tiempo”. Como que se escribe a pesar de todo: en el auto, en el taxi. Contrapesando esas dos cosas me quedé más tranquilo, lo que yo hacía era eso: escribir en cualquier momento. Trato de tener siempre a mano una libreta, aunque no tengo una rutina establecida. Esas cosas quedan guardadas como puntas, que en una de esas después se pueden desarrollar o no, pero no tengo un ordenamiento estricto de escritura.
L.C.: ¿Cual es el libro leído en la adolescencia y primera juventud que te marcó de una manera fuerte?
“Platero y yo” de Juan Ramón Jiménez. Las aguasfuertes porteñas y “El juguete rabioso” de Roberto Arlt. Y después está la poética del rock: Charly, Fito, el flaco Spinetta, Virus, Sumo. Eso más que libros puntales.
Una vez me ha pasado en un viaje de estudios, íbamos a participar en un encuentro de teatro en Córdoba. Y uno de los muchachos tenía Baudelaire y de noche se ponía a leerlo. Creo que Baudelaire pega entre los 18 y 20 y pico. Pero yo los leí a todos esos poetas más tarde, lo mismo que a Withman. Pero sí lo que tengo como nítido es a “Platero y yo” de Jiménez… maravilloso, es como un mundo aparte. Cuando lo vuelvo a leer, y observo esa capacidad de plasmar momentos del día, o determinados hechos perdidos, con una delicadeza de la percepción, eso me llamaba la atención. Como un mundo de inocencia, casi un paraíso, que solo existe en la mente del escritor.
L.C.: ¿Conoces otros funcionarios que se dediquen a la escritura? Lo pregunto porque la burocracia y la administración pública parecen estar en las antípodas de la poesía
Bueno, tal vez en las áreas de cultura sea más común. Tal vez ser ingeniero y escribir poesía sea mejor. Hace poco estaba revisando la antología de Sylvester, y leí la biografía de Castilla. El trabajaba en áreas burocráticas, y es Manuel Castilla, uno de los grandes del norte.
L.C.: Por último, imagino que habrá sido importante publicar un primer libro en una editorial que está publicando a poetas de culto como Joaquín Gianuzzi y Leónidas Lamborghini
Es una editorial que tiene una historia bastante fuerte. Sylvester nos abre las puertas para publicar, porque este libro está en la colección que él dirige, esta se llama El pez náufrago. A mí me parecía fantástico, porque es como ser un chico invitado a presenciar una mesa de grandes, y uno está de invitado en una esquina, escuchando. Hay gente muy importante ahí

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CURRICULUM VITAE
Juan Anselmo Leguizamón tiene 40 años. Forma parte de la primera camada de egresados de la Carrera de Comunicación Social de la UCSE. En Buenos Aires realizó una maestría en Sociología de la Cultura y análisis cultural en el Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad de San Martín (UNSAM).
Actualmente es director de Cultura de la Provincia y en el plano académico es profesor adjunto en la cátedra Seminario taller de trabajo final en la Carrera de Comunicación Social de la UCSE.
“¿De quién son estos zapatos?” se publicó en la colección “Pez Náufrago” (Ediciones del Dock) que dirige el prestigioso poeta salteño Santiago Sylvester. Esta colección reúne libros inéditos de poetas vivos y reediciones de clásicos argentinos del siglo XX.




Fuente: Revista La Columna Nº 947

http://www.revistalacolumna.com.ar/noticias.php?idn=7195

 


 
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