Virginia Woolf

Ayer 28 de marzo se cumplieron 70 años de aquel frío día primaveral en la que la escritora inglesa Virginia Woolf llenó con piedras los bolsillos de su abrigo y se sumergió en las aguas del río Ouse sabiendo que no sobreviviría. Pocas horas antes había tenido el cuidado de dejar un par de cartas para su esposo y una a su hermana Vanessa. En una de ellas le escribió a su amado Leonard:
Siento que voy a enloquecer de nuevo. Creo que no podemos pasar otra vez por una de esas épocas terribles. Y no puedo recuperarme esta vez. Comienzo a oír voces, y no puedo concentrarme. Así que hago lo que me parece lo mejor que puedo hacer.
La locura era la compañía permanente de Virginia. Si les parece muy duro o cruel no hablemos de locura, sino de las voces que la acompañaban el vacío de creatividad que regularmente experimentaba entre libro y libro. Y es que de los limbos de la no escritura emergían ecos angustiosamente premonitorios de un período de angustia y sobresaltos que cada vez se hacían más insorportables para ella.
Virginia habia nacido en Londres el 25 de enero de 1882, y era la tercera hija de Leslie Stephen y Julia Jackson, quienes tuvieron juntos cuatro hijos, además de Virginia estaban: Vanessa, Thoby y Adrian. El grupo familiar, sin embargo, era numeroso si contamos los hijos de los primeros matrimonios de los padres: George, Stella y Gerald Duckworth eran hijos del primer matrimonio de Julia con Herbert Duckworth mientras que Laura Makepeace Stephen era hija de Leslie y Minny Thackeray.
Este gran grupo familiar junto con primos, primas y amigos constituyó con el tiempo uno de los grupos literarios más importantes de todos los tiempos: Bloomsbury del cual Virginia y su marido Leonard Woolf formaban parte fundamental. Juntos crearon la editorial Hogarth Press que también se convirtió en un hito. Todo parecería hablar de una relación y de una familia esplendorosa pero Virginia sabía desde temprano que algo no estaba bien con ella y a medida que se ponía más de manifiesto su desorden bipolar más se apuraba en crear su obra literaria antes de que las voces terminaran por acabar con ella.
‘Al faro’, ‘Las olas’, ‘La Sra. Dalloway’, ‘Orlando’ y ‘Flush’ son apenas algunos de los títulos que Virginia dejó a la posteridad, casi opacados por sus monumentales diarios que son también un documento detallado de su proceso creador, del momento histórico que le tocó vivir y sobre todo de su propia evolución hacia la locura.
Hace 70 años Virginia Stephen supo que esta vez ya no habia escapatoria posible y con una lucidez pasmosa se inmoló en las aguas del río. No la atormentarían más ni el golpeteo en su mente ni los fantasmas de lo desconocido. Su amor y reconocimiento a su compañero no dejaron lugar a dudas de su lealtad a si misma, a la escritura, a la vida (aunque ellos parezca paradójico).
No puedo luchar más. Sé que estoy arruinando tu vida, que sin mí tú podrás trabajar. Lo harás, lo sé. Ya ves que no puedo ni siquiera escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que debo toda la felicidad de mi vida a ti. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirlo —todo el mundo lo sabe. Si alguien podía haberme salvado habrías sido tú. Todo lo he perdido excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir arruinando tu vida durante más tiempo. No creo que dos personas pudieran ser más felices que lo que hemos sido tú y yo. V
Que el faro de su obra siga iluminando por siempre los pasos de quienes amamos la literatura.
Que nadie tema a Virginia Woolf que todos la celebren y encuentren en sus palabras razones para persistir en la vida y la escritura.